El Yagé – Breve descripción etnomédica



El brebaje conocido como yagé, es una preparación de diversas comunidades étnicas del piedemonte andino-amazónico, asentadas desde el sur de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y utilizada con fines medicinales y purgativos.

El nombre “yagé” es propio de las comunidades indígenas de la zona descrita en Colombia, particularmente los cofanes, sionas, ingas, coreguajes y kamsás. En los restantes países el nombre más conocido es ayahuasca, término de origen quechua que se descompone en aya: alma, espíritu; y huasca: bejuco, liana. Se podría traducir entonces, como “bejuco del alma” o “liana del espíritu”.

La preparación más difundida incluye por lo menos dos plantas: el bejuco denominado igualmente “yagé” (Banisteropsis caapi) y la planta llamada “chagropanga” (Diplopteris cabrerana), en la preparación propia del área colombiana, puesto que hacia el sur la planta asociada al bejuco en la mezcla, es la rubiácea conocida como “chacruna” (Psychotria viridis), pero el resultado es similar. (Véase nota en columna izquierda)

Preparación: El brebaje es preparado por cocción de las dos plantas durante un día hasta obtener un “punto” que saben identificar los Taitas (o chamanes) o sus cocineros designados. Previo a la cocción el bejuco ha sido cortado en trozos –cuando se han dado por lo menos 5 años de su crecimiento– macerado y desfibrilado al máximo, y se echan a cocinar en agua porciones iguales del bejuco así tratado con las hojas de la chagropanga. Luego de obtenido el “punto”, la mezcla se deja en reposo y puede ser utilizada al cabo de un día y bien almacenada sus efectos permanecen inalterables hasta por más de un año. El aspecto del brebaje es de color ocre, o mejor, variaciones de ocre de más claro a más oscuro según la preparación y las características de los componentes. Su sabor es amargo. Su olor es acre, avinagrado.

Otras preparaciones: No se puede hablar de una mezcla “estandarizada” del brebaje, incluso las características pueden ser muy particulares según el taita o chamán que dirige la preparación. Pueden haber otros componentes asociados que den más “fuerza” a la mezcla; por ejemplo, algunos chamanes del Alto Putumayo le agregan borrachero (Brugmansia), e incluso otros componentes que hacen parte del secreto personal del chamán. Sin embargo, hoy en día, es consenso que la mezcla más convencional es la de el bejuco con la chagropanga.

Uso ritual: La mezcla es utilizada, de manera tradicional, por los chamanes o médicos tradicionales indígenas, en ritual nocturno que ellos dirigen y que está acompañado por cantos en lengua arcaica e invocaciones, sahumerios, toques de música con armónicas, rondadores, flautas, bombos y otros instrumentos de percusión –cascabeles, por ejemplo–, además de danzas interpretadas por los taitas. El ritual se inicia con el reparto de la dosis para cada participante. Dicha dosis –aunque variable según el chamán y el grado de concentración de la mezcla, así como de la persona y la experiencia anterior que tenga con el brebaje, situación que tiene en cuenta el Taita para decidir la cantidad que le sirve– puede ser de entre 20 y 40 cms3. Luego de esa primera toma el brebaje comienza a hacer efecto pasada una media hora a 45 minutos. Al cabo de hora y media de haber sido repartida la primera dosis, el Taita ofrece una segunda para quienes no hayan tenido efecto o quieran repetir. En adelante, los participantes podrán pedir tomas adicionales según su estado particular y el Taita decidirá si suministra tomas adicionales a quienes le soliciten. Cada toma adicional es normalmente inferior a la primera. Los tomadores de yagé más veteranos pueden tomar en una misma sesión hasta unas 4 ó 5 veces. Son muy extraños los casos donde esa cifra se sobrepasa.

El efecto de una sola toma puede durar unas dos horas. Hablamos del efecto de trance o de Estado Modificado de Conciencia, en el que en ningún momento se pierde la conciencia, solo que se vive un estado de “conciencia ampliada”, del que normalmente las personas recuerdan todo lo ocurrido y las visiones tenidas, así en muchos casos no sepan expresar en lenguaje verbal el contenido de esas visiones. Obviamente que las personas que toman una segunda, o tercera toma viven una prolongación de su estado de trance, sin perder en ningún momento la conciencia, aunque físicamente puede ocurrir que la persona se mueva torpemente, como en estado de borrachera, o que sienta que no se puede poner en pie del sitio donde se halle ubicada.

El momento culminante del ritual es el procedimiento de sanación o “limpia” que ejecuta el taita sobre cada participante, en el que ayudado por un ramo de hojas llamado wairasacha, canta y danza alrededor del paciente sentado con el torso desnudo, soplando y chupando en sitios determinados del cuerpo para ejecutar la limpieza.

En la mañana siguiente posterior a la toma, no existen situaciones que se puedan asimilar al “guayabo” o “resaca” cuando se consume alcohol u otros sicotrópicos. No hay –o solo en casos muy extraños– dolor de cabeza o malestar. Normalmente las personas viven una situación de gran lucidez sobre sus asuntos y sobre su vida además de una visión optimista sobre su futuro. Hay alegría y normalmente una sensación de energía extra, que permite que las personas funcionen en sus actividades habituales sin gran dificultad. Es también frecuente que posterior a la toma las personas tengan propensión a hablar sobre su experiencia y sobre muchas cosas de las que sienten ahora que tienen una gran claridad.

Composición y reacción química: El análisis químico ha identificado el componente activo del yagé como del grupo de las harminas, de entre un grupo de alcaloides betacarbonílicos. El componente activo de la chagropanga es la triptamina, o más precisamente la DMT –dimetiltriptamina–, componente considerado responsable de la producción del contenido visionario de la experiencia. Las triptaminas solo son efectivas por vía oral si se acompañan de un inhibidor de la MAO –monoaminoxidasa–, una enzima presente en el sistema digestivo, y que es para el caso el papel que juegan los betacarbonilos, haciendo posible el efecto visionario.

Efectos probables: Los componentes señalados ubican el yagé como un sicotrópico, o sea una sustancia que influye sobre el sistema nervioso central. Distinguiendo dentro de esa definición de sicotrópicos 3 grandes categorías: Activantes (anfetaminas, cocaína, heroína, etc.); Depresores (alcohol, marihuana, etc.) y Visionarios o enteógenos. El yagé se ubicaría dentro de este último grupo, junto con los hongos psilocíbicos, el peyote, el sampedro o wachuma, el yopo, las brugmansias y entre los sintéticos el LSD y el éxtasis.

La denominación “enteógeno” fue establecida por los especialistas en el tema desde hace unos 20 años, en reemplazo de la denominación “alucinógeno” que ha adquirido una connotación peyorativa y patológica. La denominación enteógeno, de etimología griega, designa la característica de estas sustancias de producir una experiencia “extática” y que se traduce como “dios en mí” o “que genera la divinidad en mí”.

Talvez ha sido este el tipo de efecto que más se ha señalado y más se ha estudiado en el yagé, incluso en desmedro del efecto purgativo y físico que lo ubica como recurso de medicina preventiva, puesto que limpia, desintoxica y fortalece el cuerpo físico. Esa desintoxicación que produce el yagé, puede entenderse también como una reconexión de las personas con su profundidad instintiva, con las raíces de su propia naturaleza física. De manera hipotética, ya que no hay una casuística experimental documentada, puede afirmarse que la toma de yagé hace reaccionar y fortalece el sistema inmunológico del cuerpo humano.

Pero no es conducente entender el efecto del yagé de manera parcial. Su mejor comprensión es en su efecto integral, mas hoy día que se insiste en el carácter psicosomático de muchas de las enfermedades. Por eso el efecto de “purga” puede extenderse también al nivel mental y espiritual.

En el nivel psíquico, pueden aplicarse conceptos como el de “catarsis”, que se entiende como purga o depuración de emociones y sentimientos a través de la descarga o develamiento de sensaciones y eventos acumulados o escondidos en el inconsciente.

En el nivel mental, el de la construcción de racionalizaciones y argumentaciones por nuestra mente, la purga puede ser comprendida por el efecto “dialógico”, o de “desdoblamiento” de nuestra mente en el momento del trance: aparece dentro de ella un interlocutor que pone en cuestión la divagación y el diálogo auto-justificativo interno. De esta manera, podemos decir que la purga en el nivel mental significa un ajuste en nuestra forma de conceptualizar, establece un límite a nuestras especulaciones mentales.

Más complejo aún es comprender el efecto purgativo en el nivel espiritual. Es la confrontación con nuestra realidad más profunda, la que toca dentro de nuestro ser con la dimensión del Misterio, o de “lo innombrable”, y que adquiere las formas de representación de las creencias en que hemos sido formados o que hemos adquirido a lo largo de nuestra historia personal. Es allí donde se pueden revelar todo tipo de fábulas o ilusiones, o también las visiones en las que se manifiesta nuestra metáfora personal de la divinidad y donde construimos nuestro altar íntimo de sentidos, significaciones y símbolos, útiles para orientar y dar sentido a nuestra vida. En esta dimensión podemos entender el efecto purgativo como la reconexión con un “orden” que percibimos de la realidad y de las cosas. Dicho orden, o armonía, es inefable –inexpresable en palabras– y se manifiesta cumplidas todas las etapas purgativas anteriores.

Toda la experiencia puede llevar a una expansión de conciencia, a un aumento en la capacidad de abrirse a nuevas experiencias, a nuevas formas de percibir y entender la realidad, lo que puede redundar en el estado general de salud y en propiciar por tanto una vida más satisfactoria y productiva.

revista “Visión Chamánica